G-pop vs K-pop

    En estos días HYBE y Geffen han estado en el centro de la conversación de la música internacional. Por un lado, han presentado al segundo grupo de su colaboración, Saint Satine y por otro, están celebrando los logros de su primer grupo KATSEYE. Ambos son resultado del uso de los fundamentos del K-pop, pero haciendo las cosas de manera diferente, apostando por ir un paso más allá.
    Su aspecto más innovador es que estos grupos tienen una imagen de verdadera globalidad, tanto KATSEYE como Saint Satine son grupos multinacionales, multiétnicos y culturalmente híbridos desde su ADN, algo que no habíamos visto incluso en otros géneros. No son K-pop exportado, sino G-pop, un pop global construido con la maquinaria emocional, visual y narrativa del sistema idol coreano.
    Por otro lado, KATSEYE es probablemente el ejemplo más agresivo de una nueva mutación musical. El grupo tomó el molde idol y lo mezcló con hyperpop, rave, cultura meme, estética fashioncore y una energía desbordante y surrealista.
    Sus videos y presentaciones provocan fascinación y rechazo al mismo tiempo. “Gnarly", “Gabriela” y especialmente “Pinky Up” son ejemplos clarísimos de ello. Las coreografías son agresivas, atrevidas, exageradas; los videos rozan el absurdo inteligente y el caos visual controlado. Y sin embargo funciona. “Pinky Up” incluye una referencia directa a Sócrates con la frase: “The only true wisdom is knowing you know nothing”. Insertada dentro de una canción que mezcla la ironía sobre el fin del mundo, con fiesta, rave y filosofía pop.
    La ausencia de Manon, aunque dolorosa para parte del fandom, probablemente terminó siendo lo mejor para el grupo. Había una sensación persistente de que su energía artística apuntaba hacia algo diferente y siempre hubo comentarios sobre su falta de compromiso real. Muchos fans de Dream Academy siempre creímos que otras participantes merecían más ese lugar, y el tiempo pareció darnos la razón. Pero las integrantes restantes se comprometieron por completo con el concepto. Lo ejecutan con valor, fuerza y total compromiso; parece que genuinamente disfrutan el caos maximalista y barroco.
    Lo más interesante es que KATSEYE entendió algo fundamental: lo cringe y lo cool ya no están tan separados. Por eso abundan comentarios del tipo “odio esta canción pero no puedo dejar de escucharla”. Su impacto ya es imposible de ignorar; tuvieron una presentación impresionante en los American Music Awards 2026, donde ganaron Artista Revelación del Año, una categoría que no había ganado un girl group desde su creación en 2004, además de Artista Pop Revelación y el codiciado Mejor Vídeo Musical por Gnarly. Las ahora cinco integrantes, Megan, Daniela, Yoonchae, Lara y Sophia, parecen más cohesionadas, abrazando con entusiasmo esta estética caótica y surrealista. Me parece que Manon ya será sólo un pie de página en la historia del grupo.
    Ahora el debut del segundo grupo de la alianza HYBE-Geffen es Saint Satine, que parece ser el movimiento espejo perfecto. Si KATSEYE representa el hyperpop y el caos digital, la apuesta ahora parece algo radicalmente distinto: R&B noventero, armonías vocales, grooves cálidos y una elegancia más clásica. Sus primeras canciones recuerdan a TLC, Destiny’s Child o En Vogue. Además, tienen la carga emocional de que Emily, Lexie y Samara, recibieron una segunda oportunidad tras Dream Academy, algo que el fandom llevaba tiempo deseando. La elección de su cuarto miembro no estuvo exenta de polémica. La adolescente japonesa de 16 años, Sakura, fue seleccionada de entre casi 14 mil aspirantes.
    Y aquí hay otro elemento clave: ambos grupos nacieron acompañados por realities y documentales que ampliaron el branding y el apego emocional. HYBE entendió que el verdadero producto nunca fueron solamente las canciones, sino la pertenencia, la narrativa y la identificación cultural.
    Y este éxito ocurre justo cuando la llamada quinta generación del K-pop parece haber entrado en una crisis de identidad.
    Las agencias coreanas intentaron subirse a la ola global sin cambiar realmente el producto, se quedaron atrapadas en fórmulas agotadas, un poco más de inglés, más TikTok, más estética internacional, pero sin una ruptura creativa clara, mientras el público sigue en su romance con los grupos de la tercera y cuarta, BTS, BLACKPINK, TWICE, aespa, NewJeans, Stray Kids o LE SSERAFIM. Nadie necesitaba una nueva oleada de grupos parecidos.
    El caso de BABYMONSTER es especialmente simbólico. Un grupo lleno de talento, presencia y voces potentes, pero condenado desde el inicio, debido a las comparaciones constantes con BLACKPINK, cuyas integrantes, recordemos, han asegurado su libertad para hacer carrera en solitario y publicar solo miniálbumes grupales de forma ocasional.
    Su agencia, YG, pareció desesperada por fabricar un reemplazo generacional. Pero el resultado fue contraproducente: canibalizaron emocionalmente a su propio fandom. BABYMONSTER quizá sea excelente, pero corre el riesgo de diluirse junto a toda la quinta generación. Y eso debería ser un llamado de atención enorme para las agencias coreanas: renovarse o morir. Si no hay un cambio estructural, seguirán vendiendo un producto que ya no sorprende.
    Mientras tanto, ojalá KATSEYE siga con su éxito como quinteto y desearle toda la suerte a Saint Satine; las chicas merecen de verdad esta segunda oportunidad.

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